Centroamérica frente al desafío energético de los data centers: una oportunidad estratégica

En la economía digital, los data centers ya se consideran infraestructura económica crítica. Allí donde se almacenan y procesan los datos se concentran la inversión, el empleo calificado, los servicios financieros, la innovación y el poder competitivo.  Los datos registrados a la fecha nos indican que la inversión en un data center hyperscale puede superar los US$ 500 millones (dato confirmado con las publicaciones del CBRE Data Center Trends: https://www.cbre.com/insights/books/global-data-center-trends).

América Latina, por su parte, se perfila como una de las regiones con mayor crecimiento en infraestructura digital, de acuerdo con estudios y análisis de IDC (International Data Corporation). Además, cada data center genera empleo directo calificado y dinamiza cadenas de valor en sectores como energía, telecomunicaciones, construcción y servicios legales y financieros.

En este contexto, resulta evidente que la economía digital avanza a una velocidad que los marcos regulatorios y la infraestructura energética de muchos países aún no logran acompañar. En el centro de esta transformación se encuentran los data centers, instalaciones que sostienen la computación en la nube, la inteligencia artificial y buena parte de los servicios que hoy consideramos esenciales. Sin embargo, su crecimiento plantea una pregunta incómoda, pero inevitable: ¿está Centroamérica realmente preparada para abastecer la enorme demanda energética que estos centros requieren?

La región parte de una ventaja que pocas pueden exhibir: una matriz eléctrica mayoritariamente renovable. Paradójicamente, esa fortaleza convive con debilidades estructurales que, si no se atienden de manera estratégica, pueden convertir una oportunidad histórica en una ocasión perdida. Centroamérica no compite por tamaño; compite por certeza y velocidad.

I- La energía limpia no es suficiente

Se suele asumir que contar con energía renovable basta para atraer data centers. La realidad es más compleja. Estas infraestructuras requieren energía constante, confiable, redundante y bajo esquemas contractuales a largo plazo, sistemas eléctricos robustos, reglas claras y planificación anticipada.

Algunos datos concretos para referencia de nuestros lectores en relación con la temática:

  1. Datos de impacto sobre consumo energético
  • Un data center hyperscale puede consumir entre 100 MW y 300 MW (megavatios), equivalente al consumo de una ciudad mediana.

Fuente: International Energy Agency (IEA)

https://www.iea.org/reports/data-centres-and-data-transmission-networks

  • La demanda global de energía de data centers está creciendo entre 10 % y 15 % anual, impulsada principalmente por inteligencia artificial (IA).

Fuente: McKinsey & Company

https://www.mckinsey.com/industries/technology-media-and-telecommunications/our-insights/the-cloud-data-center-outlook

  • Un solo cluster de IA (conjunto de servidores especializados) puede consumir tanta energía como decenas de miles de hogares.

Fuente: Goldman Sachs Research

https://www.goldmansachs.com/insights/pages/gs-research/ai-data-centers-power-demand/report.pdf

Esto nos permite dimensionar el reto energético de forma más tangible.

II- Un mosaico de realidades nacionales

Costa Rica presenta una generación prácticamente 100 % renovable, pero enfrenta retos regulatorios y políticos para habilitar esquemas flexibles. Panamá combina conectividad y ubicación estratégica, aunque debe reforzar transmisión y certeza contractual. Guatemala ofrece diversidad energética y experiencia privada, pero requiere gestión social y ambiental temprana. El Salvador destaca por su geotermia estable, marco regulatorio con visión de dinamizar el ecosistema de los data centers. Nicaragua ha avanzado en renovables, pero enfrenta percepción de riesgo país. Honduras y Belice requieren fortalecer institucionalidad y redes antes de captar proyectos intensivos.

¿Qué buscan realmente los inversionistas al mirar la región centroamericana en este sector o nicho de mercado? Buscan una energía confiable 24/7 (no solo renovable), contratos de largo plazo (PPAs – Power Purchase Agreements / acuerdos de compra de energía), estabilidad regulatoria y seguridad jurídica, redundancia eléctrica y de conectividad (doble o triple vía), tiempos rápidos de permisos y ejecución.

III- La regulación como factor decisivo

Más allá del precio o la fuente energética, la seguridad jurídica será el verdadero diferenciador. Los inversionistas evalúan estabilidad normativa, permisos, acceso a red y resolución de disputas.

IV- Una decisión estratégica

El desarrollo de data centers no es un tema tecnológico aislado, sino una decisión estratégica que conecta energía, inversión, política pública y posicionamiento regional. Centroamérica tiene condiciones para competir; el reto está en convertir esa ventaja en una estrategia alineada y ejecutable.

En el caso de El Salvador, el avance ha sido más rápido de lo que muchos anticipaban. La aprobación de un marco legal favorable a la innovación tecnológica, la inauguración de proyectos como DataTrust y una apuesta clara por la modernización digital han colocado al país en el radar de inversionistas regionales.

El factor más determinante, sin embargo, sigue siendo la energía. No puede existir un data center competitivo sin un suministro eléctrico confiable, redundante y escalable. El Salvador cuenta con una ventaja relativa por su matriz energética diversificada y por su potencial en energía limpia. Además, el país avanza en el desarrollo de soluciones para atender los retos estructurales que persisten en toda la región en materia de transmisión y capacidad para proyectos de gran escala.

Esto no elimina la oportunidad, pero sí define su alcance actual. Hoy, El Salvador parece estar mejor posicionado para albergar data centers regionales, iniciativas de edge computing y centros de recuperación de desastres, más que hyperscalers globales. Aun así, el país está impulsando la visión, la estrategia y los pasos necesarios para acercarse progresivamente a ese objetivo.El segundo desafío es la escala del mercado. El Salvador no es considerado un gran mercado interno de consumo digital. Su apuesta debe ser, necesariamente, regional. La visión de los data centers que se instalen en el país deben pensarse como plataformas de exportación de servicios digitales hacia Centroamérica, el Caribe y, en ciertos casos, Estados Unidos. Esto exige conectividad internacional robusta, múltiples carriers y redundancia de fibra. La ventana de oportunidad no es permanente: los primeros países que resuelvan energía y regulación capturarán la mayor parte de la inversión.

También está el factor humano. El país continúa avanzando de forma sostenida en la formación de talento tecnológico, gracias a esfuerzos articulados entre el sector público y el sector privado. No obstante, como ocurre en muchos mercados emergentes de infraestructura, la siguiente etapa de crecimiento exige incorporar progresivamente experiencia operativa senior en áreas altamente especializadas.

Este desafío es manejable y, además, ampliamente reconocido. Puede abordarse de manera efectiva mediante una combinación de políticas migratorias favorables para talento tecnológico, inversión conjunta en programas de formación avanzada y alianzas con operadores internacionales consolidados. Todo ello permitiría fortalecer el desempeño operativo y asegurar la sostenibilidad de largo plazo de los proyectos.

Reconocer estos desafíos no es una señal de debilidad; por el contrario, es el punto de partida de una estrategia inteligente. El Salvador cuenta con una ventaja frente a otros países de la región: capacidad de decisión y velocidad de ejecución. Si esa fortaleza se canaliza adecuadamente, el país podrá competir no por tamaño, sino por certeza, retorno y rapidez.

Hoy, el capital global busca destinos alternativos que ofrezcan costos competitivos, energía limpia y marcos legales claros. El Salvador puede ofrecer esos elementos, siempre que mantenga el enfoque estratégico que lo ha venido caracterizando. En la carrera por atraer data centers, ganan quienes ejecutan con visión y bajo un esquema sostenible en el tiempo.

El Salvador tiene una matriz eléctrica históricamente renovable, con un peso relevante de geotermia y proyectos de expansión en curso.

En 2025, el Banco Mundial aprobó US$150 millones para ampliar la generación geotérmica (nuevo proyecto de 25 MW y exploración adicional), lo que mejora la estabilidad y el atractivo ESG para data centers. La geotermia ofrece energía base, continua y de bajo costo marginal, ideal para cargas 24/7.

Este es un momento clave para posicionar data centers “green by design”, con PPAs renovables y narrativa ESG fuerte (especialmente atractiva para clientes internacionales y sector público). La Agenda Digital 2020–2030 y nuevas leyes (activos digitales, innovación) priorizan infraestructura digital y data centers como activos críticos. El gobierno lanzó el State Data Center (Tier III) con apoyo del BID y con una inversión inicial de US$9 millones (2025) y un programa total de US$60 millones para migrar 57 instituciones al “state cloud”.

Entre las oportunidades más relevantes se encuentra el desarrollo de servicios de colocation y hosting soberano para entidades públicas y sectores regulados, así como esquemas de alianzas público-privadas (PPP) orientados a capacidad espejo, servicios de recuperación ante desastres (DRaaS) y soluciones de nube híbrida gubernamental.

A esto se suma un elemento clave: la conectividad regional. El país ha recibido inversiones importantes en fibra óptica, LTE y backbones regionales, y además se apoya en cables y redes centroamericanas para su salida internacional. Gracias a ello, en muchos casos —como BPO, e-commerce, recuperación ante desastres, caching y servicios regionales de edge computing— la latencia resulta competitiva frente a mercados como Panamá y Costa Rica, con costos potencialmente menores.

En este contexto, El Salvador viene desarrollando un ecosistema de oportunidades específicas y ha ejecutado una visión que no se limita a atraer data centers, sino que busca crear las condiciones necesarias para que estos proyectos permanezcan y escalen. De forma gradual, el país está orientando su estrategia hacia áreas concretas: posicionarse como un hub regional para edge data centers —centros cercanos al usuario que permiten baja latencia—, nodos de recuperación ante desastres y servicios de baja latencia; aprovechar la narrativa ESG (Environmental, Social and Governance) apoyada en su potencial geotérmico; y utilizar modelos PPP (Public-Private Partnerships) u otras figuras contractualmente viables para la ejecución de proyectos público-privados.

Este es, por tanto, un momento estratégico para impulsar oportunidades clave, especialmente en materia de edge data centers regionales y nodos de disaster recovery para empresas del Triángulo Norte y del sur de México.

Frente a los desafíos de la transformación digital, la eficiencia energética y la escalabilidad, contar con asesoría especializada resulta fundamental. Las decisiones que se tomen en los próximos tres a cinco años definirán qué países liderarán la economía digital en la próxima década. En ese contexto, la asesoría estratégica no es un complemento, sino un factor determinante. En nuestra firma ayudamos a convertir la complejidad de los proyectos de inversión, energía, infraestructura, telecomunicaciones y tecnología en una ventaja competitiva sostenible para nuestros clientes.