La Banca como Servicio o Banking as a Service (BaaS, por sus siglas en inglés) es uno de los modelos más innovadores en el sector financiero. Bajo este esquema, las fintech ofrecen productos financieros como cuentas, tarjetas o créditos, utilizando la infraestructura y licencia de un banco. Podemos decir que se trata de una forma de “tercerización regulada” donde se permite a nuevos actores entrar al mercado sin convertirse en bancos, mientras que las instituciones tradicionales amplían su alcance a través de plataformas digitales.
En Honduras, donde la inclusión financiera sigue siendo un desafío, el BaaS podría actuar como un puente entre la banca tradicional y la población no bancarizada. Mediante apps y soluciones digitales de bajo costo, sería posible ampliar el acceso a productos de ahorro, crédito o seguros, acercando el sistema financiero a sectores históricamente excluidos.
Como toda idea, esta plantea desafíos, siendo el principal la supervisión, lo que genera la siguiente incógnita: ¿se debe supervisar a una fintech que emplea BaaS con la misma rigurosidad que a un banco? Si nos adherimos al principio de permisión, no; sin embargo, la postura conservadora de los reguladores y la ambigüedad en estos temas han llevado a que la regulación sea igual para una institución bancaria tradicional y una Fintech.
La adopción de este modelo representa riesgos y el principal es la ausencia de claridad regulatoria. ¿Qué sucede en caso de una falla tecnológica que afecta a los usuarios? ¿Quién responde en casos de incumplimiento contractual o fraude? Por ahora, la normativa hondureña no ofrece respuestas claras.
En este contexto, la Comisión Nacional de Bancos y Seguros (CNBS) tiene un rol clave. Hasta el momento, la regulación ha sido establecida para supervisar cooperativas y bancos, sin tener en cuenta los sistemas de integración tecnológica. Pero, con el desarrollo de las fintech, surge la necesidad de la evolución de la banca tradicional y sus regulaciones para la obtención de un mejor resultado de alianzas y la evolución del mercado.
La implementación del BaaS también requiere que se mejore la infraestructura tecnológica de los bancos en Honduras. A pesar de que hay instituciones que han hecho progresos en digitalización, la mayoría continúa usando plataformas rígidas, lo cual complica la integración con terceros. Por lo tanto, el modelo carecería de viabilidad si no se invierte en interoperabilidad, gestión de datos y ciberseguridad.
Sin embargo, la experiencia regional brinda oportunidades de aprendizaje. En Brasil, el ecosistema fintech ha experimentado un crecimiento junto a los esquemas BaaS, que han permitido la aparición de nuevos actores como Nubank. Esto ha ocurrido bajo la supervisión de un marco legal dinámico. La Ley Fintech de México, que regula bancos e instituciones de tecnología financiera, también ha progresado. Honduras tiene la posibilidad de aplicar estas prácticas, considerando su nivel de madurez tecnológica y su contexto institucional.
En resumen, para la banca en Honduras, el Banking as a Service constituye una oportunidad táctica. Tiene el potencial de estimular la innovación, democratizar el acceso al sistema financiero y activar el mercado. Sin embargo, necesita un marco normativo competitivo y contemporáneo según cada participante, inversiones en tecnología y una supervisión actualizada que fomente la inversión y la competencia sin poner en riesgo la seguridad. Si se da la coincidencia de estos factores, el BaaS tiene el potencial de ser un componente esencial en la transformación digital bancaria en el país.
