La Mujer en el Litigio

Escrito por:

Daniela Villafranca

 

Justo esta frase ingresé en mi navegador de internet para intentar informarme un poco sobre la presencia, posición y participación de las mujeres en el mundo del litigio, muy confiada de encontrar nombres de colegas en el mundo del litigio tanto a nivel nacional como internacional. Esto ocurrió pocos minutos después de conversar con mi esposo sobre mi experiencia en un arbitraje internacional en que, hasta ese momento, había un ambiente predominantemente masculino, en el Tribunal, los Abogados de las partes, los testigos y los peritos. De un simple comentario sobre algo que había llamado mi atención, él me sugirió escribir sobre mi experiencia como litigante. Mi experiencia como MUJER litigante. Si bien pensé podría esperar para hacerlo, mi reacción inmediata fue empezar a escribir minutos después de colgar.

 

Es así, entonces, como llegué al título de este artículo: La Mujer en el Litigio. Quizás una frase muy común o general. Muy poco llamativa o incluso monótona. Podrá ser todas estas cosas, pero fue esta la frase que me hizo pensar que tal vez hacía falta decir algo sobre las mujeres que estamos en este mundo del litigio, particularmente en la región centroamericana. Al hacer la búsqueda sobre la que ya he anticipado, los resultados no fueron lo que yo esperaba. No encontré links sobre la vida de grandes abogadas y juristas. No me aparecieron en las primeras opciones las ponencias de colegas que, seguramente, han hecho trabajos excepcionales en distintas partes del mundo. La mujer en el litigio es, según esta tan utilizada fuente de investigación, un resultado de violencia o abuso de género y no, por el contrario, el resultado de años de estudio y preparación profesional. Es decir, el resultado natural de una búsqueda con los términos “mujer” y “litigio” nos lleva a una serie de artículos sobre la violencia contra la mujer y pensé: ¿Será esto un error? ¿Aparecerán los mismos resultados si hago la búsqueda sobre el sexo masculino?

 

Al variar ese único elemento en mi búsqueda, ahora los resultados oscilan entre los conceptos de términos como litigante, litigio y unas claves muy oportunas para entender distintos procesos litigiosos. Como Abogada, como madre de una niña (posible Abogada, artista o Rockera en potencia) y sobre todo, como mujer, este resultado me entristeció y motivó la forma en que he escrito este artículo.

 

Inicialmente pensé llenarlo de citas, nombres, casos y frases importantes. Que un “cross examination” por acá y una experta casacionista por allá. Al ver esos resultados sentada en un cuarto de hotel, sacrificando tiempo lejos de mi familia para formar parte de un equipo de litigios y arbitraje que, por cierto, es espectacular, decidí que esto sólo lo podía escribir de una forma: con el corazón.

 

Porque es la realidad. ¡Las mujeres involucramos el corazón en todo! Esto, lejos de ser una limitante, es un aporte enorme a cualquier equipo de trabajo y, por qué no, a un equipo de experimentados litigantes. En mi caso, me he dado cuenta de que, cuando más aporto a un caso, es cuando me involucro de lleno en el, cuando empatizo con nuestros clientes, cuando logro ponerme en los zapatos del testigo o perito que hemos llamado a declarar. Las mujeres tenemos un ojo clínico que, en el ámbito del litigio, resulta ser sumamente oportuno, útil y provechoso. Ver lo que nadie más ve.

 

Lo hacemos en tantos ámbitos de nuestras vidas y es, en mi opinión, una característica importantísima de un litigante. Ver la ventana de oportunidad en un argumento. Analizar un escrito con una visión distinta y que aporta elementos definitorios en un caso. Colaborar en la definición de una estrategia. Anticipar líneas de interrogatorios. Organizar todos los componentes de un expediente judicial o arbitral. Y, mi parte favorita, escribir. Poner en palabras esas discusiones de equipo. Llevar la posición del caso a ser transmitida con tal claridad que, al ser valorada la prueba, calce el argumento de tal forma que sea para el Juzgador tan fácil como para nosotros llegar a la conclusión definitoria.

 

He tenido la enorme dicha de formar parte de un equipo de litigios conformado por personas que admiro muchísimo y que, desde el primer día, han motivado mi desarrollo y desempeño profesional como litigante. Esto, en mi opinión, es fundamental para el desarrollo de cualquier profesional: la conformación de equipos de trabajo positivos. Particularmente en el litigio y en el arbitraje, la conformación de equipos de trabajo es verdaderamente indispensable. Equipos que funcionan como una máquina con la mejor precisión; que se comunican con una mirada; que confían y valoran lo que cada uno trae a la mesa.

 

Sé que mi experiencia es aún corta, pero, de igual forma, corta o larga, es una experiencia que me permite concluir que es éste un trabajo apasionante en el que tenemos la oportunidad de abogar por la correcta aplicación de la ley al caso concreto. Un espacio del Derecho que permite aplicar y poner en práctica nuestros conocimientos teóricos; un área que conjuga criterio y aptitud, conocimiento y experiencia, mente y corazón.

 

Puede ser que inicié pensando que este artículo tendría un enfoque distinto, mucho más teórico de lo que ha sido. Si, finalmente, sirve esta reflexión para motivar e incentivar a tan sólo una colega a incursionar en el mundo del litigio, ya seremos más las que lograremos algún día que aquella común, general, poco llamativa y monótona búsqueda en internet, resulte enriquecida con los nombres y experiencias de mujeres litigantes que pongan en alto el ejercicio de la abogacía en nuestro país.

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