Guatemala: Probar el Dolo en el Proceso Penal Tributario

Escrito por:

Lionel Aguilar y Astrid Dominguez

 

Los delitos de naturaleza tributaria, tales como el de Defraudación Tributaria, Casos Especiales de Defraudación y Apropiación Indebida de Tributos, están conformados por dos elementos, a saber: el objetivo, relacionado a las acciones en sí mismas; y el subjetivo, relacionado a la voluntad y conocimiento del sujeto que realiza el elemento objetivo. En cuanto al elemento subjetivo en los delitos tributarios se puede apreciar que todos y cada uno de ellos son delitos o tipos penales de naturaleza dolosa, lo cual significa que requieren “dolo” como elemento subjetivo esencial. De no existir dolo, no hay delito por falta de tipicidad.

 

Doctrinariamente, los tipos dolosos tienen como principal característica la coincidencia entre la realización del tipo y la voluntad del autor, refiriéndose el elemento subjetivo a factores intrínsecos, como la conciencia y voluntad.

 

El delito doloso está descrito en nuestro Código Penal en el artículo 11 como “el conocer y querer la conducta y el resultado típico”.

 

El dolo tiene dos elementos: 1. Elemento cognoscitivo: saber qué es lo que se hace y conocer los elementos que caracterizan su acción como acción típica, o bien, el conocimiento de los elementos del tipo objetivo. y 2. Elemento volitivo: querer realizarlos.

 

En sí mismo, el dolo es un fenómeno psicológico pretérito que se debe de reconstruir en el proceso penal, es algo que se halla en la cabeza del autor, una vivencia subjetiva de éste en el momento del suceso.

 

Son varios los autores que establecen que el elemento subjetivo del tipo es difícil de probar, pues dentro del propio proceso penal se pretenderá acreditar una tendencia o disposición subjetiva que únicamente se puede deducir, más no observar.

 

Ni el Fiscal ni el Juez podrán llegar a saber a ciencia cierta cuál fue la tendencia o disposición subjetiva del autor del hecho, ya que este aspecto está directamente vinculado a lo que éste quería o pensaba. Por lo tanto, lo único que se podría llegar a acreditar dentro del proceso es lograr que el Juez deduzca la voluntad, a través de los actos externos que realizó este.

 

Lo anterior significa que los medios de investigación para acreditar el dolo son escasos, indirectos, tal vez la confesión sería la única prueba que podría revelar directamente los conocimientos que tuvo al instante de perpetrar el ilícito. Este fenómeno probatorio definitivamente afecta la seguridad jurídica y la racionalidad de la aplicación del derecho.

 

En ese sentido, consideramos útil y práctico realizar un breve análisis sobre el aspecto subjetivo del tipo penal, enfocándonos en la prueba del elemento subjetivo en los delitos tributarios, específicamente cuando el sujeto actúa con conocimiento y voluntad de realizar el tipo delictivo y la viabilidad de acreditar este hecho en forma idónea dentro del proceso penal.

 

A continuación, exponemos diversas respuestas de cómo acreditar elemento subjetivo del tipo:

 

  1. Confesión del acusado: La única prueba directa con aptitud de crear certeramente los conocimientos con que contó el sujeto en el momento de llevar a cabo su conducta es la confesión del acusado. Sin embargo, esta prueba no garantiza que lo dicho por el acusado sea la verdad de lo acontecido en el pasado. Esto, así como el sistema procesal penal en el cual nos encontramos inmersos, significa que la confesión del acusado por sí sola no puede justificar ningún extremo de la imputación, pues requiere que su contenido esté corroborado por prueba independiente incorporada objetiva y legalmente al proceso.
  1. Concepción Psicológica: Esta corriente establece que el fenómeno psicológico puede demostrar el dolo, ya que éste es una realidad en la cabeza del autor. La concepción psicológica recurre a las ciencias empíricas para acreditar el dolo, al análisis empírico de la faz interna o psicológica de la persona, la psiquiatría y la psicología. Se considera que estos medios no ofrecen plena certeza de cuando alguien ha conocido o se ha representado algo, no permite condenación por un delito doloso, por lo tortuoso que es constatar la realidad psíquica pretérita y ajena, además de requerir colaboración activa del sindicado.

A nuestro criterio, esta concepción, aunque cuenta con un respaldo científico y metodológico, únicamente ofrecerá al Juzgador la posibilidad de conocer “probabilidades”, “más no guiarlo a la certeza”.

 

  1. Prueba de indicios o hechos avisadores: El Tribunal Supremo Español ha establecido que, “salvo la espontánea manifestación del autor, sólo un acertado juicio de inferencia por parte de los jueces puede escudriñar este íntimo pensamiento (el animus necandi) en lo más profundo del ser humano, en el arcano escondido de su consciencia”[1]. Por lo tanto, apelar a la prueba de indicios resulta un mecanismo válido y positivo para demostrar la realidad histórica y psicología del imputado.

 

Esta concepción establece que el proceso penal no exige plena constatación del dolo, sino basta con que el juez, a la vista de la prueba practicada, se convenza de su existencia. 

 

En cuanto a este extremo, el Tribunal Supremo Español añade a la convicción del juez “los requisitos que se encuentre libre de toda duda razonable y que no contradiga las reglas de la sana crítica o de la experiencia”.

 

En este marco la posibilidad de que se den por probados determinados hechos, y en virtud de estos se fundamente una condena, sin que se haya eliminado aún el riesgo que no coincidan con la realidad efectivamente acaecida.

 

Igualmente, otros autores establecen que los Hechos Avisadores son indicios ante fácticos -anteriores a la representación mental- que, de ser probados, permiten inferir – por vía de atribución – el conocimiento del sujeto sobre el contenido típico de la acción que va a iniciar o de su resultado último.

 

A manera de conclusión de este breve análisis doctrinario y práctico, consideramos que probar el dolo en los delitos de naturaleza tributaria representa una labor objetiva y exhaustiva de investigación por parte del Ministerio Público. Tal como se ha establecido, será por demás complicado obtener una confesión por parte del contribuyente, o acceder a la mente de este para establecer qué tipo de voluntad tenía perfilada al momento de comisión del hecho. Por lo tanto, lo que corresponderá será presentar al Juez encargado de la resolución del caso, que el Ministerio Público presente una serie de indicios adecuados, que le hagan inferir al Juez el fin doloso que se tenía en la mente al momento de la comisión del ilícito tributario.

 

No es suficiente afirmar el aspecto doloso de la acción a través de documentos contables vacíos, sino que, dentro del proceso se deberá acreditar que el contribuyente conocía y quería cumplir la conducta legalmente prohibida y que, como consecuencia, se logró el resultado típico.

 

[1] STS de 5 de diciembre de 1995 (A 8975 ponente De Vega Ruiz) mencionado por Ramón Ragués I, Vallés. 

Bibliografía:

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