El Salvador: El impacto de Covid-19 en las fuentes de Financiación de los ODS: una oportunidad de reconstrucción, diversificación y alinear estrategias mundiales. Bonos Temáticos: Herramientas fundamentales en el desarrollo

Escrito por:

María Alejandra Tulipano y Gustavo Vega 

 

Nos encontramos frente a un periodo de reconstrucción y reingeniería mundial en los diversos aspectos del quehacer de nuestras sociedades: social, político y económico, particularmente ante el impacto o sacudida en todo estrato social y sector económico de las medidas extraordinarias, restricciones a nivel estatal y manejo en materia de salud de los efectos de la pandemia por COVID-19.

 

La primera impresión o percepción general es que ante este impase mundial será aún más complejo la implementación y cumplimiento de los ODS, pero en realidad es una oportunidad única para catalizar y retomar el valor y ponderación en las agendas y políticas públicas a nivel mundial de los mismos.

 

En este contexto, hemos analizado la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030 como el marco referente aceptado a nivel mundial; el Programa de Acción de Addis Abeba como una vía para movilizar recursos y el Acuerdo de París sobre el cambio climático, como el pacto para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero, siendo de vital importancia conciliar los valores económicos y sociales, la necesidad y más ahora frente a la nueva realidad de COVID-19 de impulsar los esfuerzos para alcanzar las diecisiete metas acordadas a nivel mundial para erradicar la pobreza, crear un mundo más igualitario y pacífico y proteger el planeta a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

 

Nos encontramos en el momento idóneo pese a las complejas realidades actuales para emprender las inversiones en infraestructura, salud, erradicación de pobreza y  acelerar la descarbonización de las economías mundiales, las economías pueden llegar a crecer y crearse puestos de trabajo si los combinamos con una acción climática de gran alcance.

 

Estamos llamados a la utilización de instrumentos creativos e innovadores, financiamiento mixto, bonos de impacto social, cooperación internacional masiva y herramientas de financiamiento ampliado que permita dinamizar las economías, sostenibilidad social y ambiental frente a los efectos del COVID-19 y continuar con los objetivos de desarrollo sostenible, conforme a las estadísticas e informes del BID, las micro, pequeñas y medianas empresas (mipyme) comprenden el 99,5% de las empresas, el 60% de la población empleada y aproximadamente el 25% del producto interno bruto (PIB) en América Latina y el Caribe (ALC). Su importancia social y económica es visible y trascendental en nuestras economías, las mipyme han tenido grandes dificultades para acceder al crédito, incluso antes de que la pandemia de Covid-19 azotara al mundo.

 

En igual medida, previo a profundizar en los instrumentos de financiamiento, será trascendental digitalizar los servicios financieros en tiempos de crisis y a largo plazo. El uso de la tecnología por intermediarios financieros tradicionales y plataformas Fintech es una herramienta poderosa para aumentar la inclusión financiera de los sectores informales y vulnerables. Los actores de políticas públicas de toda la región deberán analizar en cómo maximizar la inclusión utilizando medios digitales para evitar el contacto físico. El onboarding digital es sin lugar a dudas el primer paso y debe incluirse en las agendas de formulación de políticas de ALC en el contexto del Covid-19, lo que igual medida impacta positivamente en los ODS.

 

En este contexto, deberá atenderse que la brecha financiera entre mujeres y hombres generalmente es significativa por razones culturales, históricas y sociales en toda la región. Los requisitos de colaterales suelen ser mucho más estrictos para las mujeres, y los requerimientos reglamentarios limitan su acceso al financiamiento, lo cual también deberá ser equiparado para garantizar el debido acceso sin matices discriminatorios en materia de género.

 

La situación actual requiere medidas específicas para mantener activas a las  empresas y revivir el aparato productivo tanto como sea posible después de la pandemia, mantener a las empresas trabajando como si no estuvieran en una situación de crisis y el fortalecimiento de las líneas de financiamiento multilaterales a través de herramientas de financiamiento ampliado como por ejemplo: IFC, miembro del Grupo Banco Mundial, incrementará su financiamiento relacionado con la COVID-19 de USD 6000 millones a USD 8000 millones, como parte del paquete total de USD 14,000 millones, para ayudar a las empresas privadas y los empleados afectados por la desaceleración económica que generó la expansión de la enfermedad. La mayor parte del financiamiento de IFC se destinará a las instituciones financieras clientes, de modo que puedan continuar ofreciendo financiamiento para el comercio, respaldo al capital de trabajo y préstamos a mediano plazo a empresas que sufren interrupciones en sus cadenas de suministro. La respuesta de IFC también ayudará a los clientes actuales de sectores económicos directamente afectados por la pandemia como el turismo y las manufacturas, para que puedan continuar cubriendo sus costos. El paquete también beneficiará a sectores que participan en la respuesta a la pandemia, como el sector de la atención de la salud y los segmentos conexos, que enfrentan una mayor demanda de servicios, equipos médicos y productos farmacéuticos. La administración de IFC aprobará los proyectos basándose en los criterios de crédito, gestión ambiental y social, y cumplimiento, tal como lo ha hecho en respuestas a crisis anteriores y en línea con los ODS.

 

La alternativa de la utilización de los bonos sociales, que financian proyectos con un impacto social positivo, están repuntando de manera significativa en medio de la pandemia de coronavirus para enfrentar las graves consecuencias económicas que está provocando la crisis sanitaria mundial.

 

Un mayor énfasis en las finanzas sociales y el desarrollo sostenible probablemente será uno de los resultados duraderos de la crisis del coronavirus, han comentado los analistas de la agencia calificadora Moodys recientemente.

 

En estos tiempos de crisis muchos inversionistas institucionales se centran en apoyar en las comunidades en las que operan, sin lugar a dudas los bonos sociales son instrumentos del mercado de deuda cuyos ingresos se aplican exclusivamente para apoyar proyectos que tengan beneficios ‘sociales’, siempre que se aborden los cuatro componentes principales de los Principios de Bonos Sociales, y que el uso de los ingresos del vínculo se dirige exclusivamente a abordar o mitigar los problemas sociales que emanan total o parcialmente del brote de coronavirus  y que impactan transversalmente a los ODS, como pueden ser el desarrollo de infraestructura básica, vivienda asequible, seguridad alimentaria, atención médica u otros servicios esenciales para las comunidades, sin lugar a dudas será de las fuentes de financiamiento que ya demuestran estar ganando espacios y peso ante la crisis actual y los próximos años. El financiamiento de socorro Covid-19 será necesario no solo durante las diversas fases de la pandemia, sino después de que las empresas se recuperen de las medidas necesarias para limitar su propagación.

 

En los últimos meses, el mercado de bonos sociales ha crecido un 43%, la mayoría dirigidos a ayudar a mitigar el impacto social y económico del coronavirus, a pesar de su reciente crecimiento, el mercado de bonos sociales continúa siendo comparativamente pequeño y está dominado por unos pocos participantes, por otra parte los bonos verdes seguirán marcando el camino para construir una recuperación económica sostenible y apoyar la transición hacia un mundo con emisiones cero.

 

Definitivamente la pandemia ha llevado el mercado de bonos sociales al siguiente nivel, pero, continúa siendo comparativamente pequeño, su crecimiento y diversificación tendrá que atraer una gama más amplia de participantes y tipos de emisores.

 

El mayor desafío para este mercado será crear un formato más normalizado para la presentación de informes de impacto, lo que mejorará la transparencia y aumentará su credibilidad y su potencial de crecimiento, al igual que en los casos de la experiencia Colombiana, la eventualidad revisión de un marco legal flexible en los países de la región centroamericana.

 

Alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible requiere la colaboración de los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil. Mediante la creación de bonos temáticos, no solo se aporta conocimiento financiero y técnico a nuestra región, sino que se comparten valiosas experiencias comunes.

 

Hace más de una década, los mercados financieros vieron una opción diferente para la inversión en el desarrollo con la generación de bonos verdes, bonos sociales y bonos sostenibles. El resultado fue ideal pese a que estos bonos eran estructurados de forma individual y tenían un propósito específico.

 

Son instrumentos que post COVID-19 deberían tener un crecimiento natural, ya que los emisores corporativos que deseen abordar aspectos de interés social clave a través de sus negocios podrían buscar cada vez más financiación a través de los bonos sociales. A medida que aumente la liquidez, serán una opción viable para los inversores que deseen tener un impacto social positivo.

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