Cambio de nombre y/o apellido por razón de abandono en El Salvador

El 18 de febrero del 2022, la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de El Salvador -en adelante “SCN”- emitió la sentencia del proceso de inconstitucionalidad con referencia 33-2016/195-2016, con la cual se pusieron sobre la mesa dos debates actuales en el Derecho de Familia en general, como son la posibilidad de que una persona pueda cambiar sus nombres y/o apellidos por razón de incompatibilidad con su identidad de género, y por razón de abandono paterno y/o materno.

En este artículo desarrollaré el segundo debate mencionado que nos presenta un alto grado de complejidad y polémica, ya que pone en tela de juicio uno de los cimientos de nuestro Código de Familia, el cual es el devoto respeto e inalterabilidad de la paternidad o maternidad con base en lo biológico y su relación con instituciones jurídicas como el nombre y apellido de cada persona; el cual se ha visto acobijado por diferentes elementos presentes en la sociedad salvadoreña -como a manera de ejemplo debo mencionar la moral, religión, costumbres, etc-, y ha mantenido su reproducción en diferentes generaciones. Desde otro punto de vista, el derecho a la libertad de cada persona con una profunda mirada en la necesidad que la legislación de familia responda a la realidad y requerimientos que tenga para el desarrollo óptimo de su vida, un binomio que siempre debe estar presente al momento de legislar y juzgar en el Derecho de Familia.

Como primer paso debemos entrar en contexto de este importante avance en el Derecho de Familia de El Salvador. Para esto, debemos observar la normativa que regula el nombre de la persona natural en nuestro país, en cuanto a su formación, adquisición, elementos, cambios, uso y protección. Esto lo observamos en la Ley del Nombre de la Persona Natural (LNPN), la cual se aprobó y entró en vigor en agosto de 1990 como respuesta a la limitada y ambigua regulación que establecía el Código Civil sobre el tema y a los problemas en materia de identidad que esto ocasionaba.

La LNPN en sus arts. 3, 7, 13, 14 y 15 nos establece las reglas que todo nombre debe cumplir, siendo necesaria la existencia de un nombre propio conformado por dos palabras como máximo, y de dos apellidos que, por regla general al existir una paternidad establecida, deberá ser en primer lugar el primer apellido del padre seguido del primer apellido de la madre. Como excepción, en los casos donde no exista una paternidad establecida, serán los dos apellidos de la madre, o en caso de tener solo uno se asignará un segundo de uso común.

Cumpliendo con la regla del binomio antes mencionado, al tener en cuenta la realidad, la regla general podría considerarse como la excepción, tomando en cuenta la existencia de una gran cantidad de casos de personas cuyo padre no las reconoció, o que fue necesaria la actividad del Estado para lograr dicho reconocimiento o establecimiento de la paternidad.

Lo anterior nos adentra en un conjunto de interrogantes como:

    • ¿Un apellido o un nombre compartido con mi padre o madre, basta para generar vínculo con él o ella?
    • ¿Qué genera un vínculo entre un padre y/o madre con su hijo o hija?
    • ¿Ser padre o madre es únicamente procrear?

Estas interrogantes nos obligan a deconstruir y repensar lo que verdaderamente significa ser “padre” o “madre”, sobre todo en un país donde la ausencia o abandono, de uno o ambos, es una realidad aparatosa de nuestra sociedad, tal como nos indica el informe preliminar de la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) de 2022, emitido por la Oficina Nacional de Estadística y Censos (ONEC) del Banco Central de Reservas de El Salvador, donde se detalla que el 37% de la niñez y adolescencia entre las edades de 0 a 17 años vive en situación de abandono.

Ante esta realidad, el derecho debe actuar. Es por este motivo que la SCN estableció como causal de cambio de nombre y/o apellido, el daño generado por haberse encontrado en una situación de abandono por parte de un padre o una madre, debiendo entender que ocurre el abandono de conformidad al art. 23 de la Ley Especial de Adopciones, el cual establece que “Se entenderá por abandono de una niña, niño o adolescente la carencia de protección física y emocional, que afecte su desarrollo integral, por acción u omisión por parte de sus progenitores y demás familiares (…)”, y a su vez hacer una integración normativa con el art. 64: Ley Crecer Juntos para la Protección Integral de la Primera Infancia, Niñez y Adolescencia, que establece el abandono como maltrato, siendo este “toda acción u omisión que provoque o pueda provocar dolor, sufrimiento o daño a la integridad o salud física, psicológica, moral o sexual de una niña, niño o adolescente, por parte de cualquier persona, incluido sus madres, padres u otros parientes, educadores y personas a cargo de su cuidado, cualesquiera que sean los medios.” Cabe mencionar que ambos artículos también son aplicables en situaciones de adultos, únicamente para tener un concepto del abandono.

El motivo principal para invocar, dentro del trámite para lograr el cambio de nombre y/o apellido, es el Derecho a la Dignidad que tiene la persona solicitante, y las tres facetas que conlleva, las cuales son:

    1. Como autonomía o posibilidad de diseñar un plan vital y determinarse según sus características (vivir como uno quiere);
    2. Ciertas condiciones concretas de existencia (vivir bien);
    3. Intangibilidad de los bienes no patrimoniales, integridad física e integridad moral (vivir sin humillaciones).

Es decir, que para que proceda la petición, el abandono debió generar un daño tal que el hecho de compartir un nombre y/o apellido que lo relacione con el padre o madre, le imposibilite tener una vida acorde a las tres facetas antes mencionadas, situación que deberá ser comprobada ante el juzgado competente que conozca de las diligencias.

Como último punto, es necesario hacer del conocimiento que, en referencia al cambio de apellido, este no genera un desplazamiento o impugnación de la paternidad y/o maternidad, ya que como mencioné, nuestro Código de Familia se aferra fuertemente a “lo biológico”, pero si genera un encause a una identidad que permita a la persona vivir como quiere, vivir bien, y vivir sin humillaciones, y poder optar a una partida de nacimiento y documentos de identificación que den certeza de dicha identidad.