Ley de Competencia en Guatemala, ¿fundamentos correctos?

Hemos estado escuchando que, como país, nos “urge” la ley de competencia y que sin ella no vamos a salir de pobres. Sin embargo, la situación no es tan así.

Primero, sí contamos con una autoridad de competencia y también tenemos leyes de competencia. ¿Cuál es el problema? Desde una perspectiva de comprensión económica del asunto, me aventuro a pensar que quienes piden esa ley no saben del proceso dinámico del mercado: la competencia

Andan divulgando que, sin ley, hay y habrá concentraciones de mercado y precios altos. Realmente, una cosa no lleva a la otra. Los precios altos normalmente vienen cuando las barreras de entrada son muy altas. De esas barreras tenemos dos tipos:

    1. Las barreras naturales del proceso económico;
    2. Las barreras artificiales creadas por leyes.

Acá es donde se pone alegre la fiesta. En un proceso de competencia dinámico y no intervenido por la ley, las concentraciones crearán, en algunos casos, precios altos de un bien o servicio. Eso, sin embargo, es positivo al mercado mismo ya que indica que hay espacios para mejorar el bien o servicio y ofrecerlo a mejor precio y/o mejor calidad. Dado que el mercado no está intervenido por leyes, la barrera de entrada será la reputación (fama comercial) del actual oferente o requerimientos de capital o ambos.

La fama mantiene cautivo al consumidor, mientras que el requerimiento de capital mantiene alejado al competidor. Una vez que alguien puede romper con ello, su posición se caerá y entrará ese nuevo o nuevos competidores a ese mercado. Ahora, con mercados intervenidos, las barreras no son fama o capital, sino leyes. Contra eso no puede hacerse mucho como agente privado. 

Un ejemplo actual es la recién propuesta de Ley Marco de Protección al Consumidor. Ese tipo de leyes causan enormes barreras de entrada que son imposibles de franquear para nuevos agentes, principalmente pequeños y medianos. De igual forma, favorecen a los grandes que ahora ven protegidos sus intereses con esas regulaciones. 

De la misma manera, los controles de precios, las licencias, cuotas, trámites y permisos gubernamentales. No digamos, las leyes de competencia que empiezan a ser barreras propias contra el mismo dinamismo del mercado. 

¿Por qué las proponen? Porque hay escuelas de economía que parten de un grave error: el modelo de competencia perfecta. Es un modelo erróneo que impide el proceso de competencia en sí mismo. Cuando pretendemos que exista un extenso grupo de oferentes con equitativas porciones de mercado, con la ley es forzado, causamos una ralentización del proceso de competencia. La competencia busca tales eficiencias que lleva a una concentración natural, puesta en jaque con la potencial competencia. Esas concentraciones son las que dan espacio a querer arriesgar, fama o capital, para competir por la porción grande. Una ley de competencia con la idea de la competencia perfecta impide ese incentivo, genera una nueva barrera de entrada y causa un proceso ineficiente en el mercado que perjudica al consumidor.