25 de noviembre,Día Internacional en contra de la Violencia contra la Mujer

Las Naciones Unidas define la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada”.

“La Organización Mundial de la Salud “ha declarado la violencia de género como un problema de salud pública en todo el mundo y la identifica como factor crucial en el deterioro de la salud, la cual se produce en todos los países y ámbitos y contra mujeres de cualquier raza, edad o condición social.

La convención interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, conocida como Convención de Belém do Pará, define la violencia contra las mujeres, establece el derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia y destaca a la violencia como una violación de los derechos humanos y de las libertades fundamentales.

Dicha convención propone, por primera vez, el desarrollo de mecanismos de protección y defensa de los derechos de las mujeres como fundamentales para luchar contra el fenómeno de la violencia contra su integridad física, sexual y psicológica, tanto en el ámbito público como en el privado, y su reivindicación dentro de la sociedad.

El Salvador ha ratificado convenios internacionales que son leyes de la República, cuenta con instituciones que buscan erradicar la desigualdad, y discriminación hacia las mujeres. Esto permite reconocer avances y conquistas de las últimas décadas. Sin embargo, la violencia contra mujeres continúa siendo un problema social y cultural muy grave.

Los efectos psicológicos adversos de la violencia que sufren las mujeres y niñas son sumamente nocivos, ya que les afecta en el desarrollo en todas las etapas de la vida.

La violencia psicológica es muy frecuente, incluye conductas tales como: verbales o no verbales, que producen en la mujer sentimientos de desvalorización o sufrimiento por medio de amenazas, humillaciones o vejaciones, exigencia a la obediencia, sumisión, coerción, control, insultos, aislamiento, culpabilización o limitaciones tendientes a menoscabar el derecho a la libertad. Este tipo de manifestaciones pueden ser ejercidas en el entorno familiar, laboral, personal, público y privado como forma de agresión a la mujer.

Desde los diferentes sectores de la sociedad civil debemos de tomar cada día más conciencia para evitar ser apáticos frente a este problema. Programas de responsabilidad social empresarial y alianzas con el sector público y privado nos permitan colaborar y unir esfuerzos para poder enviar un mensaje de sensibilización y respeto (a través de páginas web, canales de comunicación interno entre otros), a las mujeres que han sido víctimas de violencia.