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Escrito por:
Asociado, Francisco Medrano
fmedrano@consortiumlegal.com
Consortium Legal – El Salvador

Si bien la inteligencia artificial era hace unos años un concepto que únicamente se aplicaba a películas de ciencia ficción, en la actualidad constituye una realidad para muchas compañías e industrias en el desenvolvimiento de sus actividades comerciales, corporativas e industriales. Antes de adentrarnos a entender las fortalezas o debilidades de la inteligencia artificial y su perspectiva desde el derecho de propiedad intelectual, consideramos conveniente conceptualizarla.

Al respecto, existen varios conceptos de la inteligencia artificial; desde los más generales que la definen como “Sistemas que piensan o actúan como humanos”, hasta definiciones que atienden a acepciones empíricas como “La inteligencia llevado a cabo por máquinas”. En lo personal, prefiero referirme a un concepto que además de técnico atienda a su objetivo principal, razón por la cual definimos a la inteligencia artificial como “La combinación de algoritmos planteados con el propósito de crear sistemas o máquinas que presenten las mismas capacidades y aptitudes que el ser humano.”

Si bien el presente artículo no tiene como finalidad desarrollar a cabalidad la temática de la inteligencia artificial, sino sus implicaciones en la Propiedad Intelectual, es relevante conocer la principal ventaja y desventaja que su aplicación práctica presenta en diversos rubros de la economía mundial. Su principal ventaja se encuentra íntimamente relacionada con el aspecto económico que su aplicación genera en la industria de ciertos tipos de compañías, ya que simplifica y acelera cada una de las tareas operativas y administrativas, que tradicionalmente han sido ejecutados por mano de obra humana. Un claro ejemplo, es la implementación de la inteligencia artificial en servicios de atención al cliente que en la actualidad se presta desde sitios web o incluso vía telefónica; que permite prestar servicios 24 horas al día, todos los días del año. Esta ventaja se resume en mayor productividad y eficiencia a un menor costo.

Su principal desventaja, se fundamenta en la disminución del cociente emocional en algunas actividades que tradicionalmente, no solo implican una función operativa, sino que también implican un razonamiento basado en valores morales, buenas costumbres o hasta religiosos; como por ejemplo, los servicios educativos; los cuales si bien pueden ser brindados por medios tecnológicos, carecen del aspecto emocional que un docente puede transmitir a sus alumnos… un consejo, o una palabra de aliento.

Según la Organización Mundial de Propiedad Intelectual, OMPI o WIPO por sus siglas en inglés, la propiedad intelectual se define como todas aquellas creaciones de la mente humana, tales como invenciones, obras literarias y artísticas, así como símbolos, nombres e imágenes utilizados en el comercio. La propiedad intelectual se divide en dos categorías: La propiedad industrial, que abarca las patentes de invención, las marcas, los diseños industriales y las indicaciones geográficas; y el derecho de autor, que abarca las obras literarias (por ejemplo, las novelas, los poemas y las obras de teatro), las películas, la música, las obras artísticas (por ejemplo, dibujos, pinturas, fotografías y esculturas) y los diseños arquitectónicos.

Por su parte, la OMPI también define los derechos de propiedad intelectual, los cuales se asemejan a cualquier otro derecho de propiedad, es decir, permiten al creador o al titular de una patente, marca o derecho de autor, gozar de los beneficios que derivan de su obra o de la inversión realizada en relación con una creación.

Como se observa de las definiciones expresadas por la OMPI, no se incluyen aquella propiedad proveniente del intelecto artificial – no humano, el cual es una realidad imperante en un buen número de países a nivel mundial. Ejemplificativamente, un ente de inteligencia artificial se encuentra en la capacidad de crear modelos comerciales que se traducen en marcas de productos o servicios, de crear patentes, o desarrollar obras literarias o artísticas.

De forma preponderante, la creación de obras por medio de la inteligencia artificial podría tener implicaciones muy importantes para el derecho de autor. Tradicionalmente, la titularidad del derecho de autor sobre las obras generadas por computadora no estaba en entredicho porque el programa no era más que una herramienta de apoyo al proceso creativo, muy similar al lápiz y al papel.

El reto de la mayoría de países del mundo, es tratar de adecuar sus legislaciones a los avances tecnológicos que la inteligencia artificial atañe; por en especial, como el derecho de propiedad intelectual se adecuará para que dichas creaciones sean protegibles mediante los mecanismos de patentabilidad, registro o depósito que correspondan; de igual forma, partiendo del hecho que la inteligencia artificial posee la capacidad de realizar nuevas creaciones, la legislación debe adecuarse para que se protejan las obras que puedan surgir de estos entes.

Las obras creativas gozan de la protección del derecho de autor si son originales, teniendo en cuenta que la mayor parte de las definiciones de originalidad requieren un autor humano, por lo que vale la pena preguntarse, ¿qué suerte corren aquellas creadas por la inteligencia artificial?.

En la mayoría de las jurisdicciones, entre ellas la legislación Centroamericana, únicamente las obras creadas por un ser humano pueden estar protegidas por el derecho de autor. Sin embargo, en los últimos tipos de inteligencia artificial, el programa informático ya no es una herramienta, sino que toma muchas de las decisiones asociadas al proceso creativo sin intervención humana.

Con seguridad, las cosas se volverán aún más complejas desde el punto de vista proteccionista, en la medida que se generalice el uso de la inteligencia artificial por parte de compañías, comerciantes o artistas que produzcan obras creativas, lo que desvanecerá aún más la distinción entre las obras de arte hechas por un ser humano y las realizadas por una computadora; es por esta razón, la importancia de adecuar las normativas vigentes.

La falta de legislación aplicable a la inteligencia artificial, no solamente desincentiva la creación de entes de inteligencia artificial, sino que también desincentiva a que dichos entes tengan como finalidad la creación misma. Sin importar cuál sea el ámbito profesional en el que todos nos desenvolvamos, es de vital importancia el aceptar y acomodarnos a los cambios tecnológicos que la inteligencia artificial conlleva, adecuando no solamente nuestro marco normativo, sino también por medio de la educación en nuestras nuevas y antiguas generaciones; logrando así una interacción entre la inteligencia humana y la artificial, acorde a nuestras necesidades personales y empresariales.

Promover la protección de la propiedad intelectual emanada de la inteligencia artificial es imperativo, puesto que en primer lugar, el progreso y el bienestar de la humanidad dependen de su capacidad de crear e inventar nuevas obras en las esferas de la tecnología y la cultura. En segundo lugar, la protección jurídica de las nuevas creaciones alienta a destinar recursos adicionales a la innovación. En tercer lugar, la promoción y la protección de la propiedad intelectual estimulan el crecimiento económico, generan nuevos empleos e industrias, y enriquecen y mejoran la calidad de vida.

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