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Escrito por:
Socio Randall Barquero
rbarquero@consortiumlegal.com
Consortium Legal – Costa Rica

 

El surgimiento de las iniciativas y desarrollos de tecnología financiera o “fintech” desde hace ya varios años, ha generado una innovación sin precedentes en los mercados financieros, así como la aparición de un nuevo ecosistema de empresas a nivel mundial que crece continuamente, ofreciendo productos y servicios basados en novedosas plataformas tecnológicas. Estos emprendimientos buscan atender tanto a los sectores usualmente ligados a los bancos tradicionales, como a otros segmentos que en muchos países, particularmente en nuestra región, se han caracterizado por tener un bajo nivel de bancarización.

Con respecto a los bancos tradicionales, si bien es cierto hay muchos casos de iniciativas fintech que buscan atender directamente necesidades de consumidores finales, y por lo tanto pueden representar una amenaza para su cuota de mercado, recientemente han ido surgiendo proyectos de carácter colaborativo o complementario, que no están dirigidos a consumidores finales sino que buscan ofrecer soluciones a otras empresas que ya participan en el mercado financiero, las cuales ya reconocen las ventajas de esa colaboración, e incluso han empezado a investigar e invertir en sus propios emprendimientos (PwC – Global Fintech Report 2017).   Las iniciativas fintech han surgido desde varios frentes, no solo compañías nuevas (startups) sino también compañías de tecnología ya establecidas (ej. Google, Apple), almacenes minoristas – tanto en tiendas físicas (Wal Mart, Target) como virtuales (Amazon) – y empresas de redes sociales (Facebook), y también desde las mismas entidades bancarias.

En cualquier caso, el carácter disruptivo de la gran mayoría de las fintech ha venido transformando la forma en que se prestan los servicios financieros a nivel mundial, presentando nuevas e interesantes oportunidades de acceso a segmentos de la población y sectores económicos que anteriormente no tenían acceso este tipo de servicios, o aún teniéndolo, no los recibían satisfactoriamente.

Como resultado del surgimiento de las fintech y considerando su carácter innovador, han surgido cuestionamientos en cuanto a la regulación aplicable para este tipo de actividades, estas dudas provienen de todos los sectores involucrados. Por un lado los bancos, que se enfrentan en muchos casos a nuevos competidores, por otra parte los reguladores que deben decidir a cuáles de esos actores les debe aplicar las regulaciones existentes, o si se requieren modificaciones a éstas para poder cubrir otro tipo de actividades no previstas por la normativa existente, y finalmente estos nuevos empresarios fintech, que debido a los vacíos que pueden existir en la legislación de muchas jurisdicciones, no tienen claro si la actividad que realizan requiere o no el cumplimiento de regulaciones propias del sector financiero, o incluso si deben solicitar algún tipo de autorización o licencia.  En este punto se ha advertido (Federación Latinoamericana de Bancos – Los riesgos que encarnan las FINTECH, abril 2017) sobre el riesgo de que ocurra un arbitraje regulatorio, cuando una misma actividad tiene diferente tratamiento normativo dependiendo de cuál es el agente económico que las realice.

Estas inquietudes han llevado a organizaciones como el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea a ocuparse del tema y establecer grupos de estudio de alto nivel para analizar las implicaciones de esta actividad para la banca y los desafíos regulatorios que ello conlleva.  En ese caso particular, ese análisis derivó en un primer documento consultivo emitido en agosto de 2017, donde se analizan las implicaciones de los desarrollos fintech para los bancos y los reguladores.  En dicho estudio (www.bis.org) se destacan, desde la perspectiva del consumidor, las siguientes oportunidades principales: a) una mayor inclusión financiera, b) más y mejores servicios bancarios especializados, provistos con mayor rapidez, y c) menores costos transaccionales; y se llama la atención sobre riesgos tales como i) la seguridad y la privacidad de la información, ii) prácticas inapropiadas de mercadeo, y iii) discontinuidad de ciertos servicios bancarios.

Por su parte, desde la óptica de los bancos y los reguladores se identifican como beneficios: a) mejora en la eficiencia de los procesos financieros, b) uso innovador de las bases de datos para el manejo del riesgo y el mercadeo, c) al menos potencialmente, se vislumbra una mayor estabilidad en la actividad financiera como consecuencia del aumento en la competencia, y d) el uso del “regtech” o tecnología para el cumplimiento regulatorio; y como amenazas se mencionan principalmente: i) riesgos de carácter estratégico y de disminución de rentabilidad, ii) aumento de riesgos operativos, iii) aumento en la interconectividad de los participantes en el mercado financiero, iv) aumento del riesgo de administración de proveedores de servicios de tecnología; v) aumento de riesgo en materia de cumplimiento de regulaciones de protección de datos y de consumidores, vi) aumento del riesgo de liquidez y de la volatilidad de las fuentes de financiamiento principales de los bancos, y vii) aumento del riesgo de lavado de dinero y de financiamiento al terrorismo.

A nivel mundial, algunos países han atendido directamente esta situación, y se han propuesto estimular el desarrollo de las fintech, estableciendo regulaciones que procuren no detener la innovación, y que al mismo tiempo mantengan la protección de los derechos de los consumidores y de la privacidad de la información.  Dentro de estos destaca el caso del Reino Unido, que es reconocido como la capital mundial de fintech, por delante de otros mercados muy relevantes y activos como Singapur, EEUU (particularmente California y Nueva York), Alemania, Australia y Hong Kong (E&Y: UK Fintech – on the cutting edge. 2017) y más recientemente un crecimiento notable en otros mercados de tamaño significativo como India, China, Corea del Sur y Canadá.

En América Latina, instituciones como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) han destacado la gran oportunidad que representan las iniciativas fintech para reducir la brecha de financiamiento que actualmente existe y afecta a las micro, pequeñas y medianas empresas. También en sectores como el de seguros, se vislumbran oportunidades para brindar mayor acceso a coberturas para los agricultores de la región, mediante el uso de la tecnología blockchain que ya están desarrollando algunas empresas.  En términos generales, destacan los casos de Brasil y México, que por el tamaño de sus economías y su enorme población, han surgido la mayoría de los emprendimientos fintech. Esto ha llevado incluso a que en México exista una iniciativa para la aprobación de una “Ley de Tecnología Financiera” conocida como la Ley Fintech, que se enfoca principalmente en tres áreas: pagos electrónicos, financiamiento colectivo y activos virtuales (p.ej. las denominadas criptomonedas), y que de aprobarse vendría a ser una innovación a nivel mundial.  Por su parte, el Banco Central de Brasil y el Banco Central de Argentina, entre otros, han estado analizando con mayor detenimiento el sector fintech y valorando las posibles alternativas de regulación y estímulo. Asimismo, el Banco Central de Uruguay está trabajando en una iniciativa piloto para desarrollar el e-peso, que no será una nueva moneda sino el mismo peso nacional que contará con un soporte tecnológico en lugar de físico, y que se podrá manejar a través de una billetera digital.

Costa Rica, a pesar de tener una economía más reducida, no escapa a esta ola de innovación, a existen varios emprendimientos fintech que se abren espacio en el mercado local e internacional, y sin duda surgirán otros.  Por ello, es clave que tanto los reguladores como las entidades financieras, y también los empresarios y emprendedores fintech, estudien y se asesoren adecuadamente para así aprovechar las oportunidades que esta actividad representa, y mitigar los riesgos que conlleva.  Asimismo, a nivel de políticas públicas sería conveniente que las autoridades involucradas enfoquen el tema de manera proactiva, con el fin de promover la innovación, proteger los derechos fundamentales, y aumentar la bancarización de la población mediante nuevos y más eficientes servicios financieros que permitan mejorar la calidad de vida de la población.

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